19 ago 2025

FALCONETE S XVI

 Hola a todos de nuevo



Nueva entrada con otro material de avancarga utilizado en España desde finales del siglo XV y durante el siglo XVI.

EL MATERIAL 

El excesivo peso y la falta de movilidad de las bombardas primitivas provocaron la fabricación, a mediados del siglo XV, de piezas más pequeñas de tiro tenso. Entre estas se encuentra el falconete, una pieza ligera de gran longitud clasificada dentro de la «artillería menuda» o cañón de borda.

El falconete presentaba una modificación evolutiva trascendental respecto a la bombarda: la incorporación de los muñones. Estos salientes cilíndricos permitían instalar el cañón en una horquilla giratoria que, mediante una espiga, se montaba sobre un afuste llamado banco (al que con el tiempo se le añadieron ruedas para facilitar el transporte) o directamente en la borda de un navío. De este modo, el artillero podía mover la pieza con rapidez, tanto en dirección como en elevación, para apuntar con precisión.


A diferencia de la bombarda tradicional, la caña del falconete de retrogarga finalizaba en su parte posterior con un marco rectangular en el que se acoplaba una recámara móvil (llamada alcuza o servidor). El marco presentaba una escotadura por donde se introducía una cuña metálica para mantener la recámara firmemente sellada a la caña y evitar la fuga de gases.

Este sistema le otorgaba una elevada cadencia de tiro. Con el tiempo también se extendieron los falconetes de avancarga, en los que la recámara formaba una sola pieza con la caña. El extremo trasero se prolongaba en una barra de hierro denominada raba o rabera, la cual permitía al artillero asir la pieza directamente con la mano para orientarla en altura y dirección con enorme agilidad.


Su longitud oscilaba entre los 150 y 190 centímetros, y su peso total rondaba entre los 130 y 400 kilogramos. El diámetro del ánima era pequeño (de 5 a 7 centímetros). Disparaba pellas de hierro, bodoques de hierro emplomado o, ya estandarizado en el siglo XVI, balas de plomo o hierro de entre 1 y 3 libras de peso (aproximadamente de 0,5 a 1,5 kg).


Su alcance máximo teórico era de unos 1000 metros. Sin embargo, debido a la holgura entre la bala y el ánima (viento del cañón), su precisión a larga distancia era muy reducida. Por ello, los artilleros españoles preferían reservar el fuego y disparar a «toca-penoles» (a muy corta distancia, inmediatamente antes del abordaje o colisión). Aunque en fuego sostenido se reducía el ritmo a un disparo cada 10-15 minutos para evitar el sobrecalentamiento de la pieza, la disponibilidad de varias alcuzas precalculadas y cargadas permitía realizar ráfagas rápidas en momentos críticos del combate. Para un falconete que disparaba una bala de plomo de 2 libras, se requería una carga de aproximadamente 1,5 libras de pólvora fina (fuerte). Si la pólvora era ordinaria, se empleaba el mismo peso que el del proyectil (2 libras). 


EN ESPAÑA


 Durante el siglo XVI, el sistema de producción de artillería de la Corona española estaba descentralizado y dependía de talleres gremiales, fundiciones reales e importaciones:

  • Las ferrerías de Vizcaya y Guipúzcoa: En villas como Bilbao, Tolosa, Durango y Marquina se labraba la caña de los falconetes primitivos mediante el laborioso método de duelas y cinchos de hierro forjado.
  • Medina del Campo y Burgos: Castilla concentraba su almacenamiento en estas ciudades. Medina del Campo era el gran parque de artillería de la Corona.
  • Málaga y Barcelona: Con la transición hacia el bronce a mediados del siglo XVI, los talleres de estas ciudades costeras empezaron a fundir falconetes en moldes de arena o a la cera perdida, un material más caro pero mucho más seguro que el hierro.
  • Importaciones del Imperio: Gran parte de los falconetes de bronce de alta calidad se fabricaban en Malinas (Flandes) o se compraban a fundidores de Milán y Venecia para abastecer la enorme demanda de la Armada Española.
  • Diseño y regulación: En esta época, la fabricación combinaba la experiencia artesanal con la geometría práctica. Los maestros fundidores guardaban celosamente las proporciones del metal de cañón (aproximadamente un 90% de cobre y un 10% de estaño). Aunque tratadistas posteriores como Diego Ufano (Tratado de la Artillería, 1613) sistematizaron que un falconete ideal debía tener una longitud de ánima de unos 35 calibres, ya en el siglo XVI el cosmógrafo Alonso de Chaves reguló en su obra Espejo de Navegantes (c. 1538) cuántos falconetes debía llevar cada tipo de navío y su distribución en las bordas.
Debido a su versatilidad, se utilizó en gran medida como artillería naval embarcada, siendo muy fácil de desinstalar y trasladar para su uso en tierra, una cualidad que compartía con la cerbatana y el ribadoquín.

Era el arma defensiva obligatoria en los galeones y naos comerciales que cubrían la ruta entre Sevilla y América. Se colocaban en el alcázar y el castillo de proa. Su función principal no era destruir los cascos enemigos, sino diezmar a la tripulación en cubierta mediante disparos de metralla o balas pequeñas para limpiar la zona y repeler o facilitar el abordaje. Para ejercer como artillero en un buque de la Real Armada o la flota de Indias, el aspirante debía superar un examen teórico-práctico en Sevilla ante los examinadores de la Casa de la Contratación, demostrando el dominio en la dosificación de mezclas y el punteo (apuntar el arma) mediante el uso del cuadrante.

Debido a su bajo coste, las torres de vigía de la costa mediterránea andaluza, murciana y valenciana (diseñadas contra las incursiones de los corsarios berberiscos) solían estar armadas con uno o dos falconetes en su azotea.

Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) los empleó con gran eficacia en las guerras de Italia. En batallas como la de Ceriñola (1503), estas piezas demostraron su valor al integrarse en las líneas fortificadas, combinando su fuego tenso con el de los arcabuceros para frenar las cargas de la caballería pesada francesa.

Y por último, su ligereza los convirtió en un recurso estratégico en el Nuevo Mundo. Hernán Cortés disponía de cuatro falconetes durante la conquista de Tenochtitlán (1521), empleándolos tanto en tierra como montados en los bergantines que asediaron la laguna de Texcoco. Asimismo, Francisco Pizarro contaba con un falconete al entrar en Cajamarca en 1532, pieza que desempeñó un papel táctico y psicológico fundamental durante la captura del inca Atahualpa.

REFERENCIAS 


EL MODELO

Se trata de una reproducción en madera y metal realizada a escala 1/10 que forma parte de una colección de piezas de artillería comercializada en los años 70’-80’ y que está incluida en los fondos museísticos del RAMIX 30. Desconozco la empresa que las fabricó y en que circunstancias llegó al inventario del regimiento (compra, donación…).


Se aprecia la construcción de la pieza distinguiéndose la caña con sus zunchos, los muñones, el marco con las aberturas laterales, la cuña de cierre, la recamara con forma de alcuza con su asa para manipularla y la rabera para facilitar el movimiento de puntería.


Montado en la horquilla con la espiga inserta en el banco. Éste presenta una rueda encajada en la contera del banco y rodillos en los puntales delanteros.




Espero que os haya gustado este artículo aunque no sea una de mis recreaciones.

Un saludo desde el sur de la península. Agosto, 2025.

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