21 ago 2025

RIBADOQUÍN S XV

 Saludos,


Nueva entrada sobre artillería en España. Pieza de avancarga catalogada como “artillería menuda”. Se trata del ribadoquín, que junto a la bombarda, el falconete, la cerbatana o el pasavolante batió con tiros y truenos, los campos de batalla de la península y del resto de Europa, apoyando a los ejércitos castellanos y aragoneses desde finales del siglo XIV hasta mediados del XVI.

EL MATERIAL

El ribadoquín fue una pieza fundamental catalogada dentro de la llamada «artillería menuda». Aunque hoy en día el término evoca casi de inmediato a las piezas múltiples de tipo «órgano» u «organillo», el ribadoquín original nació y se utilizó predominantemente como una pieza de una sola caña.


Junto a la bombarda, el falconete, la cerbatana o el pasavolante, el ribadoquín batió los campos de batalla de la península ibérica y del resto de Europa, apoyando de forma decisiva a los ejércitos castellanos y aragoneses desde finales del siglo XIV hasta mediados del siglo XVI. Por su extrema ligereza y movilidad, que le permitían emplazarse en prácticamente cualquier escenario, puede considerarse como uno de los grandes precursores de la artillería de campaña, e incluso como una eficaz pieza de artillería embarcada.


Aunque a menudo se han especulado diversas teorías sobre el origen de la palabra ribadoquín, la filología histórica y la Real Academia Española coinciden en su procedencia real:

  • Proviene del francés antiguo ribaudequin, término tomado del flamenco ribaudekin. Está compuesto por la palabra ribaud («ribaldo», soldado de infantería irregular o mozo de tropa baja) y el sufijo diminutivo neerlandés -ekin. Su significado literal era «el pequeño cañón de los ribaldos», en referencia a la tropa ligera que custodiaba y operaba estas piezas.
  • En Italia el término derivó en ribaldo («truhán» o «salteador»), una reinterpretación popular que asociaba el nombre al efecto traicionero, repentino y devastador de su disparo sobre la infantería.
  • Durante el siglo XIX, algunos eruditos intentaron vincular la palabra a una supuesta raíz árabe (rabb al-dukkan, «el señor del banco o de las piedras»), pero es una teoría sin fundamento lingüístico.

El ribadoquín se situaba conceptualmente entre la lombardeta y la cerbatana, guardando cierto parecido con esta última en el perfil de su caña. Estas piezas se adjetivaban en los inventarios según la labra exterior de su tubo, clasificándose en lisos, roscados u ochavados (octogonales).


Aunque compartían calibres parecidos, el ribadoquín de una sola caña se diferenciaba del falconete del siglo XVI en que carecía de rabera (la barra trasera para orientar el tiro) y no utilizaba el marco rectangular para la recámara móvil (alcuza).


El ribadoquín de caña única era habitualmente de avancarga (cargado por la boca), con la recámara forjada o fundida de forma fija al tubo. Tenía un orificio en la culata llamado oído o fogón; para disparar, el artillero aplicaba sobre este punto un botafuego o varilla candente para prender la pólvora negra.


Su caña tenía un calibre pequeño, de apenas 2 a 5 centímetros. Su peso total oscilaba entre los 2 y 3 quintales castellanos (unidad equivalente a 100 libras castellanas o unos 46 kg por quintal), lo que situaba la pieza entre los 90 y 140 kilogramos. Esta extrema ligereza permitía un transporte muy ágil a lomos de mula o a pulso por caminos escarpados.


Mientras que las piezas de tipo «órgano» requerían carros pesados y anchos para prender varios tubos en batería, el ribadoquín de una sola caña destacaba por su simplicidad:

  • Se montaba sobre un afuste de madera tipo banco o caballete, al que a menudo se le añadían ruedas para facilitar el despliegue inmediato.
  • Tuvo variantes de menor tamaño como el «medio ribadoquín», con un tubo de apenas un metro de longitud, ideal para ser operado en trincheras, empalizadas o pasos estrechos.
  • Su objetivo principal era la tropa enemiga (infantería y caballería), efectuando disparos de tiro tenso con pelotas de plomo, pellas de hierro o bodoques emplomados de entre 1 y 3 libras.
El éxito de agrupar varios de estos tubos ligeros en un solo carro daría origen a los cañones de salva (los «órganos»). Sin embargo, la pieza individual de un solo tubo continuó prestando un servicio crucial gracias a su bajo coste de fabricación y a su incomparable maniobrabilidad en el barro y las montañas.

EN ESPAÑA

En los siglos XIV y XV, los ribadoquines de hierro se fabricaban de forma autóctona en las ferrerías de Vizcaya y Guipúzcoa (así como en Flandes o Alemania) siguiendo el método de duelas y cinchos. Los herreros ensamblaban barras longitudinales de hierro forjado (duelas) que se apretaban fuertemente mediante aros exteriores de hierro candente (cinchos) al enfriarse. A partir de la segunda mitad del siglo XV, la producción comenzó a dar el salto hacia la fundición en bronce de una sola pieza, importándose también abundantes ejemplares del norte de Italia.

El uso del ribadoquín está documentado en las crónicas de las Coronas de Castilla y Aragón: durante el Sitio de Balaguer (1413)en el que las crónicas de la época detallan el uso de ribadoquines por parte de las fuerzas de Fernando I de Antequera para batir a las tropas del conde Jaime II de Urgel; y en la batalla naval de Ponza (1435) donde las naves de Alfonso V de Aragón emplearon ribadoquines durante el cruento enfrentamiento contra la flota genovesa.

También hay documentos en los que se reflejan el uso de estos ingenios en la Guerra de Granada (1482-1492). Durante la contienda, los Reyes Católicos los emplearon de forma masiva en la geografía andaluza. Al ser un terreno montañoso que impedía el traslado de bombardas pesadas, los ribadoquines fueron clave en los sitios de las fortalezas de Cambil y Alhabar (1485), empleados para barrer los adarves y defensas elevadas; en las conquistas de Ronda y Loja (1485), utilizados para defender los campamentos cristianos contra las salidas de la caballería nazarí.; y en la conquista de Moclín (1486) pues con su tiro tenso y movilidad aseguraron los pasos elevados alrededor de la fortaleza.

En la transición al siglo XVI, durante las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán), los ribadoquines mantuvieron su valor táctico actuando junto a otras piezas ligeras de campaña (como los pasavolantes), proporcionando fuego directo de apoyo a la infantería.

REFERENCIAS


EL MODELO


Modelo perteneciente al fondo museistico del RAMIX 30, a escala 1/10 que representa al modelo original del Museo del Ejército. 


La boca de fuego va asentada sobre una cuna de madera sobre un banco o caballete inclinado.


La cuna descansa sobre un pivote de madera que permite que la pieza pueda bascular para conseguir el ángulo de elevación deseado.


La caña se fija a la cuna mediante cuerdas.


La cuna presenta, en su parte de contera un orificio rectangular por el que discurre un arco que permite fijar el ángulo elevación. Este presenta orificios transversales para insertar un perno que soporta la cuna en el ángulo requerido.


El siguiente modelo, también a escala 1/10, esta designado como pieza de batalla aunque se trata de un ribadoquín montado sobre ruedas para facilitar el movimiento. En la cartilla explicativa dice que es una representación de una pieza que se puede observar en uno de los relieves tallados en la sillería baja del coro de la Catedral de Toledo. Fijándonos en ese relieve se puede observar que representa el ataque a las fortalezas de Cambil y Alhavar en 1485, por parte de las tropas de los RR. CC.


El afuste esta compuesto por un bloque de madera con un rebaje de media caña, a modo de cuna, en su tercio delantero donde se asienta, enclavado, la boca de fuego. Dos pesadas ruedas reforzadas con clavos soportan el afuste. Y el la parte trasera se encaja un puntal con una roldana que da estabilidad.


Pienso que al ser una copia de un relieve de una silleria de madera de la época, no recoge medidas exactas y es por eso que la boca de la caña se ve un tanto desproporcionada, ya que se ajusta al realizado en la sillería.


El montaje apoya sobre una viga con sendos bujes en sus extremos que hacen las veces de eje de ruedas. Para impedir que las ruedas se salgan de sus bujes, éstos presentas un encaje donde se inserta un sotrozo a modo de pestillo pasador. En el modelo se ha debido perder el de la rueda derecha y se ha sustituido por un trozo de hilo de cobre.


El puntal trasero, además de hacer las veces de tentemozo, presenta orificios para fijar el afuste con distintos ángulos de tiro.


La fijación del ángulo de tiro se realiza mediante la inserción de una barra de hierro a través de la cola del afuste y del propio tentemozo.


Espero que haya sido interesante este artículo, un saludo desde el sur de la península y hasta el próximo proyecto.

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